Despierto una mañana y, derrepente, ya no tengo 31 años, sino 32. De verdad paso tanto tiempo? De verdad soy una mujer adulta? Esta fecha siempre me lleva a sacar cuentas insospechadas, sintiendo ansiedad:
15 años desde que terminé el secundario.
17 desde mi viaje a Disney Word.
16 desde el nacimiento de mi ahijado.
7 desde que vivi en Colorado.
24 desde que soy amiga de Valeria y su familia.
25 desde que me diagnosticaron el Síndrome de Turner.
3 me faltan para cumplir 35, y.... 8 para cumplir cuarenta!!!!
Hacer un balance de mi vida en este momento es inevitable. Adonde se fueron todos esos años? Que logré? De verdad cometí tantos errores?
Por un lado, hablo dos idiomas, tengo un título universitario, escribí una novela y vivo en el exterior.
Por otro lado, me gradué de una universidad mala, sigo soltera, no tengo hijos, todavía no logré insertarme laboralmente en inglaterra y mi novela permanece inédita. Participé de una gran cantidad de concursos literarios, y solo logré salir finalista en uno.
Definitivamente no es la vida que ambicionaba cuando era chica.
Imaginaba que, para cuando pasara los 30, tendría mi propia familia, y sería exitosa en la profesión que eligiera. Me imaginaba trabajando para un diario importante, en una gran ciudad.
Me dijo un nuevo amigo que no debería ser tan dura conmigo misma. Después de todo, la vida es extra-dificil para mi. Es la primera persona, en toda mi vida, que reconoció lo duro que debo trabajar en el juego de la vida.
Mucha gente necia me dijo que mi vida es fácil, pues mi familia siempre pudo mantenerse económicamente, y pude vivir sin trabajar por mucho tiempo.
Otras veces, me han dicho que la vida es dificil para todos, que todo se gana con esfuerzo. Eso es, en
cierta medida, cierto.
Sin embargo, la gran mayoría de las personas enfrenta sus problemas teniendo la cantidad correcta de cromosomas, mientras que a mi me falta uno. Y no saben la diferencia que eso hace.
La mayoría de las mujeres puede quedar embarazada teniendo sexo, lo cual, si me permiten decirlo, es algo maravilloso. Donde está el esfuerzo y sacrificio que TODOS deben hacer? Yo tendré que pasar por tratamientos de fertilidad, o por un proceso de adopción. Piensan que es facil? Piensen otra vez.
A la mayoría de las personas las relaciones sociales les resultan algo sencillo y natural. Al tener un desorden de aprendizaje con verbal, hacer amigos siempre me resultó más dificil. Mientras que todos mis compañeros formaban grupo, y hacían trabajos en equipo, yo debía completar la tarea sola. El resto de los alumnos, podía copiar la tarea de un amigo. Eso nunca fue una opción para mí.
Que hay del bullying?
Que hay de la depresión? No todos sufren de un desbalance químico que les dificulta realizar las tareas diarias.
Para no hablar de mi apariencia, que siempre fue un freno en la vida. Las mujeres bendecidas con belleza nacen con una ventaja, una ventaja que no ganaron con esfuerzo. No necesitan desarrollar inteligencia, ni una personalidad agradable. Claro, muchas igual lo hacen, pero no están OBLIGADAS hacerlo. Consiguen pareja y trabajo con facilidad.
Recuerdo cuando hace muchos años una persona me dijo que una de mis amigas (rubia, alta, de ojos claros), siempre obtendría todo lo que quisiera, solo por su belleza. No fue tan así, pero tuvo algunas ventajas. Pudo conseguir trabajo de promotora cuando lo necesitó, cosa imposible para mi.
También está el caso de Alyssa Ramos, una bloguera que escribe sobre viajes. Escribió un artículo lleno de arrogancia que provocó mi ira. El mismo se titula: Sí, soy bonita y viajo sola. En él ella se queja de lo dificil que es para una mujer hermosa viajar sola. DIFICIL???!!! Se queja de que, adonde vaya, los hombres la miran y creen que es una chica fácil porque es hermosa y viaja sola. También dice que, por su belleza, la confunden con una prostituta. Además, por su apariencia tan agradable, todos asumen que es estúpida, y que un hombre la mantiene y pagó por su viaje (Aclara que muchos hombre le ofrecieron viajes gratis, pero ella declinó las invitaciones). Alega que viaja con dinero que gana trabajando arduamente. Aunque no aclara cómo consiguió ese trabajo fabuloso, que le permite recorrer el mundo, ni toma en cuenta que para una mujer como ella conseguir trabajo es más sencillo que respirar. Es decir, que hace alarde de una belleza que no ganó, le fue dada.
Querida madre, tías, clientas, amigas de mi madre, y críticos en general: ESO es ser malcriada, recibir todo de arriba y tener una vida fácil.
Lo insultante es que ese artículo banal, hueco e hiriente para mujeres como yo , FUE PUBLICADO por el fucking Huffington Post.... el Huffington post!!! Yo ni siquiera logré ser publicada por un pequeño diario insignificante de Mar del Plata.
Al enterarme de casos como ese, no puedo evitar preguntarme: Porque la vida tiene que ser tan dificil
para mí?
Es algo que las guerreras de mi grupo para mujeres con ST se preguntan muy a menudo: Por qué nos tocó una vida extra-dificil? Por qué debemos luchar más que el resto? Porque nos cuesta tanto obtener aquello que la mayoría de las personas da por seguro?
Al final del camino, se me dará una medalla por aguantar tantos golpes?
Se reconocerá que, adonde sea que llegue, llegué con el doble de esfuerzo que cualquier otra persona?
Tal vez alguien me despierte un día, diciendo que todo fue un sueño. O que todos somos parte de un juego que juega Dios, llamado vida.
Bienvenidos a mi blog!!
En este blog compartiré mis experiencias personales, pasadas y presentes. Esperando que leer mis palabras ayude a las mujeres que pasan, o han pasado, por lo mismo que yo.
Los nombres de las personas mencionadas en mis historias han sido cambiados para proteger las identidades de los aludidos.
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sábado, 23 de enero de 2016
LA MONTAÑA RUSA DEL CUMPLEAÑOS
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miércoles, 24 de junio de 2015
Odiosas Etiquetas
Recientemente, tuve una fea discusión con algunas madres de niñas con Síndrome de Turner. La pelea virtual giró alrededor de la palabra “discapacidad”. ¿Es el ST una discapacidad? Ellas dicen que sí. Yo sostengo lo contrario.
Me acusaron de discriminar a los discapacitados por afirmar que yo no lo soy. Es absurdo. Tengo una prima con una discapacidad severa, y mi padre sufrió un ACV en el 99 que lo dejó discapacitado motriz. Me hizo más consciente de lo que sufren las personas con discapacidades y sus familias. También me enseñó que es una discapacidad, y que no lo es. Decir que yo no lo soy, no significa faltar el respeto de quienes lo son. Cuando digo “No soy católica”, nadie dice que estoy discriminando u ofendiendo a la gente de dicha religión.
Aclaro que el ST no es una discapacidad, porque como Licenciada en Comunicación Social y aspirante a periodista, tengo el deber moral de educar a la población. Además, si las madres, o las mismas chicas, van por la vida afirmando que el ST es una discapacidad, alguna gente ignorante puede llegar a malinterpretarlo. El prejuicio de la gente obtusa puede costarnos un trabajo, o convertirnos en víctimas del bullying. (Todavía me pregunto si mis compañeros de escuela eran tan horribles conmigo porque alguien les dijo que tengo un defecto genético).
La Argentina no es una sociedad avanzada del primer mundo, aunque muchos quieran creer que sí.
La Asociación de Síndrome de Turner de Estados Unidos, aclara que el ST en sí mismo no es una discapacidad. Sin embargo, algunos problemas relacionados con el síndrome pueden generar que una mujer afectada por el mismo sea discapacitada. Algunas pueden perder por completo la audición, sufrir un trastorno de Aprendizaje No Verbal, o tener cierto grado de autismo, o algún problema cardíaco o de huesos serio que impida el desarrollo normal de las actividades diarias. SOLO en esos casos, la persona con ST puede considerarse discapacitada.
En Estados Unidos, las mujeres con TS, sin dichos problemas graves, no son etiquetadas como discapacitadas. Igualmente, si quisiéramos competir en la Olimpiadas Especiales, no seríamos aceptadas. Aunque se tiene en cuenta el ST como causa de discapacidad.
La ley argentina, no obstante, incluye el ST en la lista de discapacidades. Es un error, cometido por practicidad. Para proporcionar ayuda a las mujeres con ST, en lugar de buscar una categoría más apropiada, se nos etiquetó como discapacitadas.
Yo nunca saqué el carnet de discapacidad, pues no necesité las ventajas que proporciona. Siempre conté, gracias a la tenacidad de mi madre, con las hormonas de crecimiento gratis, y pasajes de micro sin costo para ir a buscarlas. Toda mi vida tuve cobertura médica.
Sin embargo, hay muchas personas que necesitan el carnet. Tengamos en cuenta que muchas chicas viven en pueblos del interior, con atención médica deficiente, y precisan viajar regularmente para tratarse. Solo obteniendo el carnet pueden trasladarse gratuitamente.
Respeto a quien lo necesita. Todos merecemos tener la mejor atención médica disponible. Pero hay que considerar el carnet como una herramienta, no una realidad. Hay que utilizarlo, sin creérselo.
Me preocupa que algunas madres de niñas con ST piensen que sus hijas son, de hecho, discapacitadas. Toman el carnet en serio.
Cuando les dije que no es así, una respondió “Pero tienen una incapacidad para crecer solitas” (Por cierto, me pareció muy condescendiente el uso del diminutivo). Es verdad que necesitamos hormonas de crecimiento para crecer y fortalecer la musculatura. Pero necesitar una medicación no significa que la persona sea discapacitada. Si así lo fuera, una persona que tome pastillas para regular la presión arterial debería ser etiquetada como discapacitada, ya que tiene “Una incapacidad para regular su presión solita”.
Otra madre, y esto es lo que más me indignó, dijo que somos discapacitadas porque no podemos quedar embarazadas de manera natural.
De acuerdo con la definición oficial de discapacidad, “La discapacidad es aquella condición bajo la cual ciertas personas presentan alguna deficiencia física, mental, intelectual o sensorial que a largo plazo afectan la forma de interactuar y participar plenamente en la sociedad”.
Decir que una mujer infértil no participa “plenamente de la sociedad” es un insulto para quienes fueron madres mediante adopción. Además, relacionar una vida plena con el sacar un bebé de tu cuerpo, es una cachetada a las mujeres que eligen ser child-free. Decidir no tener hijos es una tendencia en alza, especialmente entre mujeres con alto nivel educativo, y carreras exitosas. Etiquetarlas como “discapacitadas” suena absurdo, hasta risible.
Inquietada por este asunto, consulté a las chicas de un grupo Inglés-parlante de Facebook para mujeres con ST, del cual participo regularmente. Todas concuerdan con que el ST no es una discapacidad, pero puede llegar a causar una, en casos extremos.
Rescato lo dicho por una joven con ST del grupo, quien es oceanógrafa e integra una orquesta. Ella considera que caratular el Síndrome de Turner como discapacidad sería “Faltar el respeto a quienes luchan de verdad”.
Comprendo perfectamente lo que quiso decir. Hay gente que no puede escuchar, ver o caminar. Personas sin piernas o brazos. Gente como mi prima, que no razona, ni habla, ni camina, no come o se baña sola. Hombres y mujeres con retraso mental, autismo severo o esclerosis lateral amiotrófica, por nombrar algunos ejemplos.
¿Realmente podemos decir que nosotras luchamos igual que esa gente?
¿Pueden nuestras madres afirmar que luchan exactamente como, por ejemplo, los padres de un niño autista? ¿De una mujer con síndrome de Down? ¿De alguien que necesita escuelas especiales o, en el peor de los casos, ser internado en una institución?
No niego que el Síndrome de Turner es una lucha constante. Tenemos muchos desafíos que enfrentar. En mi caso, el síndrome trajo una batalla ardua contra la depresión, y dificultades para relacionarme socialmente. En mis horas más oscuras, no me considero más afortunada que una persona privada de los sentidos, o con las capacidades intelectuales disminuidas. Muchas veces me sentí discapacitada.
Pero, la realidad, es que tengo un título universitario y hablo dos idiomas. Puedo ver. Aunque perdí la audición de un oído, escucho con el otro y me comunico normalmente. Camino, corro y salto. Jugué al tenis, fui a nadar y anduve a caballo un par de veces. Terminé una novela. Viví sola durante cinco meses. Hice un curso en el exterior durante tres semanas.
Actualmente no tengo trabajo y debo vivir con mi vieja, pero eso tiene que ver con las limitaciones de la ciudad donde estoy, y no con mis capacidades. Algún día cercano, voy a poder valerme completamente por mi misma. Hay personas con discapacidades severas que no pueden decir lo mismo.
Pero también existe gente etiquetada como discapacitada, cuyas vidas son 100 veces mejores que la mía. Hombres y mujeres a los que les falta un brazo o una pierna, o necesitan muletas permanentes, pero lograron todo lo que deseaban, y no necesitan ayuda. ¿Son discapacitados? (Tomando la definición oficial de discapacidad: incapacidad de llevar una vida plena) Yo no los veo como tales. En esos casos, es claro ver que la etiqueta resulta errónea.
Tal vez, deberíamos ser más cuidadosos a la hora de categorizar a la gente.
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lunes, 13 de abril de 2015
Somos nuestra historia
No nací
siendo una Licenciada en Comunicación Social depresiva, solitaria y adicta a
las series norteamericanas, que sueña con ser periodista y vivir en Nueva
York.
Mi historia
comienza cuando una mujer neurótica se casó con un hombre alcohólico.
Llegué al
mundo un 20 de enero, capricorniana. La astrología me define como ambiciosa, melancólica,
racional y calculadora, casi maquiavélica. Las personas de mi signo, en teoría,
son perseverantes y exitosas. La realidad dice que mis ambiciones son muchas,
mis sueños son grandes, pero me falta tenacidad. Tengo baja tolerancia para el
fracaso. Caigo en un pozo depresivo cada vez que fallo, lo cual ocurre seguido.
La perseverancia no me caracteriza.
Nacida en
1984, pertenezco a la generación “millennial”, también llamada “Generación Y” o
“Generación Peter Pan”. De acuerdo con los sociólogos, los millennials se
caracterizan, principalmente, por el narcisismo: nos gustan las selfies y
compartir nuestros problemas personales en los medios sociales.
Vivimos una
adolescencia prolongada. Los ritos de la edad adulta, como el matrimonio y la
paternidad, son pospuestos. Yo soy un ejemplo extremo de ello. Todavía vivo con mi madre, sin lograr la
independencia económica, aunque tal hecho me avergüence.
Las
generaciones anteriores eran capaces de permanecer en un mismo puesto durante
décadas, sin importar lo infelices que fueran.
Los millennials somos más selectivos a la hora de elegir un trabajo, y
priorizamos la calidad de vida, el realizar lo que nos gusta, por sobre un
empleo estable. No puedo negarlo.
Rechacé varios empleos porque las condiciones me parecieron inaceptables.
Pecamos de
algo que en USA se llama “entitlement”. Significa creer que merecemos todo lo
que deseamos, solo por existir. Sentimos que nos tienen que proveer de aquello
que deseamos.
No es culpa
nuestra. Las personas narcisistas y con sentido de entitlement no nacen, se
hacen. La mayoría de los millenials fueron criados por miembros de la Generacion
X, generación que fue criada de manera en extremo estricta y autoritaria, con
una enorme presión. Los padres X intentaron educar a sus hijos de la manera
opuesta, para evitar que estos sufran lo que ellos mismos padecieron de
pequeños.
Entonces,
los millenials somos la generación del “trofeo por participar”. Nos educaron
con la idea de que todos merecemos un premio, solo por intentarlo. Nos dijeron de
pequeños que todos somos ganadores, todos somos especiales. Tal concepto creó
una camada de jóvenes que no tolera perder. La realidad es que no todos podemos
ser estrellas. Fracasar es una parte natural de la vida, una parte que los
millennials no aceptamos.
Hay otro
factor que marcó mi personalidad y dio forma a mi vida, para bien o para mal.
Cargo en mi
espalda una pesada cruz. Es la forma en que Dios me puso a prueba, y el gran desafió
que dio a mi madre.
Nací con
Síndrome de Turner.
Es una falla
genética, que consiste en la ausencia de parte de unos cromosomas.
Fui
diagnosticada a los siete años. Mi anormal baja estatura delató que existía un
problema con mi cuerpo.
Durante diez
años, necesite dolorosas inyecciones diarias de hormonas de crecimiento para
alcanzar una estatura aceptable. Llegué a medir un metro cincuenta y tres. Por
ser la más baja de mi clase, mis compañeros de colegio nunca me respetaron.
Otros signos
visibles del síndrome son mi cuello anormalmente corto, dientes apiñados (que
corregí a los dieciocho años tras siete de ortodoncia) y mi piel seca e
invadida de espantosos lunares, los cuales afloraron cuando cumplí nueve años.
Mi antiestética apariencia me convirtió en víctima constante del bullyng,
generó el rechazo del único hombre que me importó en mi vida, y provocó que no me contrataran para varios empleos que
solicité. Nunca pude trabajar de promotora, vendedora en una boutique
importante o recepcionista, empleos reservados exclusivamente para mujeres
bonitas y altas.
Además, el
síndrome causó que sufriera de hipotiroidismo, generando cansancio crónico y
sobrepeso.
El síndrome
también generó que mis ovarios fueran deficientes. Necesito, de por vida,
seguir un tratamiento de reemplazo hormonal. Tal defecto causa desarrollo tardío
e infertilidad. Si alguna vez pongo mi vida en orden y decido tener un hijo,
tendré que gastar una obscena cantidad de dinero en in-vitro para quedar
embarazada.
Toda mi vida
me sentí anormal, dañada. Me sentí como la pieza de un puzzle que no encaja en
ninguna parte.
No ayudó
que, durante la primaria y la secundaria, fui víctima constante del bullying.
Mis compañeros insultaban, con dureza, mi aspecto continuamente.
Para colmo,
mi madre siempre me sobreprotegió, tratándome como una discapacitada.
La verdad es
que mi síndrome no convierte a quien lo sufre en alguien diferente al resto de
las mujeres.
Mis genes
causaron mis problemas de salud, pero mi vida anormal se explica por el
profundo daño psicológico ocasionado por mi madre, por el hombre que rompió mi
corazón y, sobretodo, por mis compañeros de colegio. El bullying deja cicatrices
en tu alma que no son fáciles de borrar. El perjuicio que me causaron no pudo
ser reparado porque nunca tuve una psicóloga competente.
Diversos
factores me convirtieron en quien soy hoy.
Soy producto
de mi historia, y viceversa.
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